08 junio 2008

premio

No es momento para muchas ediciones en mis bitácoras. Mi cabeza anda enredada en otros asuntos, aunque no dejo de pasar por aquí para ver que hay y, sobre todo, por las bitácoras habituales, que ofrecen más que las mías, para distraerme. Algunas de ellas merecen menciones que ya han recibido en alguna ocasión y otras pasan desapercibidas aún mereciendo mayores atenciones; pero es lo que hay en este espacio cibernético, virtual, bitacorero. Quizás algún día le dé un repaso nuevo a mis habituales para rendirles el homenaje que desde aquí merecen, aunque sea muy poco. Pero el tiempo...
Este breve pensamiento viene a colación del premio que le han concedido a mi neocrónica. La segunda de mis bitácoras en edad, ha recibido un premio a pesar de su juventud y de sus escasas 31 ediciones, y al neobestiario le ha entrado envidia por ser mayor y más prolijo. Aunque no es esa la única causa de hacer aquí esta reflexión, sino que el neobestiario tiene ya este espacio creado para ello, y la neocrónica no.
Merecido o no, el premio no lo decido yo. Merecido o no, el premio está concedido y he de agradecerlo, sobre todo por el resto de premiados. Muchas gracias. Merecido o no, el premio viene de quien viene y, por eso, lo tomo más como un acercamiento que como un premio.
Así lo recibo; otra cosa es como lo sienta. Pero este no es tema de neocrónica, ni de neobestiario.