Entre las líneas de la novela que leía, se deslizaba el aroma del café y de los bollos de aquel bar desde cuyo ventanal la vió pasar casi a la carrera. Fue lo único que hizo que levantara la vista del libro y diera un sorbo a la taza del café pensando que sería ella la mujer con la que había quedado diez minutos más tarde, hasta que comprobó que había pasado diez minutos pensando en eso.

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